Parado en
el umbral recibo algunas brisas que niegan convertirse en cenizas, con el
último aliento dejo entrar el dulce aroma de los recuerdos guardados en un
placard de melancolía. Veo desfilar los trajes del proceso frente a la
muchedumbre extasiada y sé que nunca habrá penumbra mientras haya tristeza.
Escucho el susurro de desteñidas fotografías, me revelan que la melancolía tal
vez haya sido creada para salvar al hombre de la tristeza y los tres tonos que
escucho es la redención convertida en viento, es la comedia convertida en drama,
que cambió para salvarme de los recuerdos caníbales.
Por el
umbral desfilan los uniformes de no me olvides y por la lágrima que rueda por
la piel sueña una reina convertida en musa. Su mandato real es enviarme a las
puertas del pasado a buscar las oportunidades perdidas.
El mundo
cambió en un solo chasquido de dedos, convirtiendo la espuma en sal, la
responsabilidad en soga y al descorazonado en suicida.
A veces me
pregunto para que sirve el pasado si todo es presente, sólo el umbral sabe la
respuesta, mientras tanto deja entrar al pasado por una puerta y esconde la
cura para toda la tristeza del mundo en otra.
A veces me
pregunto, de que sirve vivir para siempre si a cada paso que damos sembramos
una duda. Pero el cuidador del umbral me recuerda que los recuerdos tampoco
vivirán por siempre. Y me pregunto, de que sirve un recuerdo si toda su
existencia se extingue en un respiro. Para que sirve un recuerdo si no dura por
siempre. Para que sirve una copa si no descansa junto a mis pies.


1 comentario:
"¿Para qué sirve una copa si no descansa a mis pies?"
¡Buen final, Fer!
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