El temblor
de mi cabeza entrando en razón me abstrajo de mi sueño. Una y mil veces me dije
que no volvería a esperar, pero la oscuridad del amanecer me obliga caminar
y vivir la eternidad de esos quince
minutos antes que la bestia me cargue sobre sus hombros para llevarme al
inevitable sacrificio al pie de la montaña.
La
oscuridad es cada vez más asfixiante y densa.
Los quince
minutos son cada vez más insoportables y perversos.
El
sacrificio se vuelve lo más cercano a un sueño.
El temblor
se expande hacia mis manos y mi corazón.
El
despertar es inminente.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario