martes, marzo 17, 2015

Desearías haber estado allá

De todas las vidas que soñé, sólo en una me tocó perder mis zapatos. Fue en una ciudad añejada por el paso de la conciencia. En su plaza central me encontré olvidado, asediado por idealizaciones de mi musa bailando en su vestido de flores de una primavera que ya casi no puedo ver por la tormenta de arena.
La plaza era la misma que me atormentaba desde la niñez, sólo que ahora estaba vacía, sus estatuas habían muerto por el olvido. La tristeza me invadió, ya que el tormento no había sido tan terrible como para dejarlas morir. Con lágrimas en los ojos me despedí de los escombros, escuchaba la razón quejándose al final de la calle, llamándome.
Me despedí y no mire atrás. Corrí hacia el final de la calle y no miré atrás, no quería afrontar la mirada de mi musa, desconcertada al verme huir de su baile de primavera marchita.

Una insoportable pared separaba un paisaje del otro, y esa mañana me encontré escuchando el sonido de los ladrillos agrietándose. Una brisa limpió la arena de mis ojos y en su soplar pude escuchar el susurro que se colaba entre las grietas, un susurro que sembró en mí una duda eterna, tal vez esta realidad es un sueño y estoy perdiendo el tiempo en tanto soñar con ella.

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