Cuanta
arena estás dispuesto a dejar caer a cambio del trino de un amanecer, que
deseabas que fuera noche.
Cuanta
desidia estás dispuesto a soportar por un sueño que siempre termina en
despertar.
Cuantas
veces ensordecerás el sonido del metal para despertar rodeado de almohadas.
Cuanto
tiempo dejarás que el brillo queme tus ojos a cambio de una enceguecedora noche
de verano.
Cuanta
poesía dejarás morir por el capricho de escuchar una melodía eterna soplando a
través de cables de cristal.


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