Poco
importa cuantas veces arda y me extinga, cada noche es igual.
Cada vez
que el cielo arde, el día es igual.
La
incertidumbre de la oscuridad ya no ampara mis paranoias, sólo alimenta la
obsesión de la luna de medirse a duelo con la misma ventana cada amanecer.
Poco
importa cuanta tinta derroche tratando de exorcizarlo, cada día es igual.
Cada vez
que las estrellas se derrumban, la noche es igual
La frágil
oscuridad ya no guarda el secreto de la sombras, sólo las reproduce contra el
cordón, proyectando deformes amuletos que se parecen al día anterior.


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