martes, junio 03, 2014

El eco de las risas

Las hienas ríen, el ensordecedor chirrido de sus dientes retumba por todas las habitaciones. Sólo los niños callan las risas con su terrible inocencia.
El insoportable sonido gana cada batalla, las hienas jamás permitirían que su risa sea silenciada. Pero los niños, cada vez más inocentes, no dejarán que ninguna risa quebrante su alma.
La disputa por el éter verá caer la arena por eternidades, las risas se vuelven una onomatopeya constante en si mismas y la inquebrantable inocencia de los niños permanece inmutable ante el ensordecedor sonido.
La tormenta durará siglos y el ajado espejo comenzará a quebrarse, como el damero de las habitaciones.
El reflejo de mi alma fragmentado es inconfundible, cada línea que proyecta el espejo es una nueva marca en mi piel. Del otro lado están ellos, librando su eterna batalla, como si la inocencia de los unos y la obstinación de los otros ensordecieran el golpe de las agujas del reloj.

El espejo se quebranta infinitamente y veo como mi alma se divide en millones de habitaciones que mi conciencia no se anima a iluminar, las mismas que mi inconsciencia no se anima a transitar.

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