Agazapado
en la esquina de un bar veo las gotas fundirse con el vidrio, ahora sé que la
realidad quedó atrapada de este lado del cristal. Las palabras que el humo de
las velas forma contra el techo húmedo son ilegibles y me embarga la
desorientación. Por supuesto que éste no es el lugar donde soñé germinar
coronas y lágrimas.
En este
triste lugar ni siquiera el cantinero sabe donde encontrar el gin, o una
naranja. Con la boca
seca divago sobre el sueño que acabo de dejar sangrando junto a una vela. En él
erraba una y mil veces mi camino y terminaba dormido sobre la mesa de la
esquina de un oscuro y húmedo bar, junto a una vela a punto de extinguirse.
Si pudiera
volver a soñar, no caminaría por entre las mismas sombras grises, no elegiría
el mismo circo para reír, ni tomaría de la misma copa sucia, ni siquiera
pensaría en elegir el mismo color de tinta para escribir. Ni siquiera elegiría el
mismo invierno para soñar.
Agazapado
en la esquina del bar veo las gotas fundirse con el vidrio, ahora sé que si
espero que la vela se consuma, el frío hará imposible huir de este lugar. Bebo
la cera derretida en una copa sucia y guardo este libro en mi bolsillo
izquierdo, pues sé que alguien lo necesitará para reconstruir mis últimos pasos,
abro la puerta del bar y caigo en una solitaria calle de invierno. Miro hacia
la izquierda y sólo una luz lejana ahuyenta la oscuridad bajo mi nariz, miro a
la derecha y la neblina hace confundir las luces con los próceres de bronce.
Elijo caminar hacia delante, allí la oscuridad es mas profunda que en el mismo
infierno, y en este invierno tan cruel no encontraré nada mas acogedor que el
infierno.
Siento que
todo esto es un sueño, que ya lo viví una y mil veces. Siento que vuelvo a
equivocar mi camino. Tal vez aquella lejana luz a mi izquierda sea una vela
consumiéndose en el tiempo. Siento que ya estoy por despertar otra vez.


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