He perdido
mi rumbo en un túnel de hogares sin prender. En la plaza las luces están
encendidas y encandilan el atardecer. Todos se abalanzan sobre la calle para
ocupar el único lugar donde aún se puede ver el cielo reflejado en una gota de
rocío que cayó la primavera anterior.
Siguiendo
mi vieja costumbre de negar la existencia misma, corro hacia la pared. Más allá
del último ladrillo sé que está la libertad. Más allá del último ladrillo sé
que está mi musa, esperando, soñando con un viajero sin soles que consuma las
luces de la plaza, para dejarla ver el atardecer sobre su hombro.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario