Trato de
refugiarme bajo una mesa vieja, pero me despierta el temblor. Allá arriba las
bombas destruyen todo anhelo, acá abajo trato de recordar cuando fue la última
vez que escuché mi voz.
Trato de
callar las explosiones pero es inútil, la realidad es cada vez más cruel y ya
no sólo enmudece mis pensamientos sino que me persiguen en mis sueños tratando
de despertarme.
Trato de
refugiarme en el desierto, pero no encuentro el oasis donde descansa mi musa.
La única esperanza que queda es esconderme entre las sombras de la ciudad de
humo y utilizar mi razón para escapar, dejar de lado mi locura y pensar.
En las
sombras tal vez halle la respuesta para proteger mis sueños de las bombas que
no me dejan escuchar mi voz.
En la
oscuridad de la noche lameré mis heridas hasta curar y encontrar la forma de
caminar sin que las bombas golpeen mi cabeza, sin que destruyan mis sueños y
volver a escuchar mi voz. Aún tengo el anhelo de volver a escuchar el dulce
sonido del silencio.


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