Agazapado detrás de un velo de melancolía escucho murmullos, que no lastiman, como una espada que defiende el honor de un niño lleno de sueños. El
dulce néctar de la flor marchita ya no atrae a las abejas y sin rezar me
encuentro disfrutando del viento que atraviesa el velo. Sólo una inquietante chimenea humeante me devuelve a la modernidad, pero el
instante es sólo eso y no dura más de lo que tarda el néctar en secarse, convertirse en ámbar y nunca más ser cosechado. Manteniéndose intacto,
puro, inocente para siempre. Los últimos
días de marzo no están hechos para vivir, sólo para soñar, para blandir la
espada que defiende los sueños de la niñez y avanzar dando estocadas al humo.
Tratando de, en un arranque quijotesco, atravesar el largo cuello de las
chimeneas de la modernidad.
lunes, agosto 06, 2012
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario