Sentado
frente a una vieja máquina de poesía recuerdo los túneles de mi ciudad y me
recuerdo libre, como un anhelo. Afuera se agrupan algunos estandartes de la
desidia y el egoísmo, gritando sus infames transcripciones modernas a la cara
de los desmoralizados espectadores que esperan rendidos su decisión de dejar a
la suerte de la lluvia el campo sembrando con piezas de ajedrez. Por un momento
siento que la libertad está cerca, en otros momentos siento que su vestido no
refleja más que la tenue luz del gris circundante. Las chimeneas que veo
evaporarse desde mi ventana no me dejan respirar con claridad y sólo la
perfección geométrica de su cuello parece ser merecedor de mi atención. A mis
espaldas se encuentra durmiendo el fruto de un marzo sin tregua ni sol, que
como un sueño a punto de despertar aún siente la incertidumbre de no saber si
los cristales se rompieron realmente, si las chimeneas aún respiran o si de un
grito puedo traspasar la ventana y apagar para siempre el fuego sofocante de
los estandartes vencidos.
jueves, julio 12, 2012
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