jueves, julio 12, 2012

Las chimeneas vencidas de marzo


Sentado frente a una vieja máquina de poesía recuerdo los túneles de mi ciudad y me recuerdo libre, como un anhelo. Afuera se agrupan algunos estandartes de la desidia y el egoísmo, gritando sus infames transcripciones modernas a la cara de los desmoralizados espectadores que esperan rendidos su decisión de dejar a la suerte de la lluvia el campo sembrando con piezas de ajedrez. Por un momento siento que la libertad está cerca, en otros momentos siento que su vestido no refleja más que la tenue luz del gris circundante. Las chimeneas que veo evaporarse desde mi ventana no me dejan respirar con claridad y sólo la perfección geométrica de su cuello parece ser merecedor de mi atención. A mis espaldas se encuentra durmiendo el fruto de un marzo sin tregua ni sol, que como un sueño a punto de despertar aún siente la incertidumbre de no saber si los cristales se rompieron realmente, si las chimeneas aún respiran o si de un grito puedo traspasar la ventana y apagar para siempre el fuego sofocante de los estandartes vencidos.

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