jueves, mayo 31, 2012

Las mañanas sin amanecer


La música me llama a abrir los ojos y me encuentro en viaje hacia la cotidianidad, por supuesto que afuera es de día, el sol siempre incinera las nubes desde temprano en esta época del año. Aún no se como aparecí acá, si estoy caminando o recién aprendiendo a despertar. El sol siempre vuelve confuso el día en esta época del año. Viajo en una cápsula de humo por los ríos de cemento y todavía no se como llegué acá. La música, atemporal, no marca el compás de las botas y me ahogo en una aguja de humo. Estos ambiguos despertares de solsticio alimentan el espíritu surrealista, pero confunden al timonel y casi no distingo si la música suena en los sueños o es el sonido de la realidad que trina sobre el manzano, detrás del vidrio. El humo frente a mí me mantiene en un estado de vacilante percepción y no distingo las chimeneas de los sueños. Que placer es existir tantas múltiples veces en un estado de simultánea embriaguez. Las mañanas de solsticio son así, ambiguas, simultáneas, embriagadoras. El reflejo del sol no permite ver si es un sueño o estoy despierto en realidad, prefiero creer que esto es un sueño, que la cápsula donde viajo es mi desierto y la música que suena alrededor es mi musa que aún debe estar en el oasis, durmiendo, soñando con viajeros del tiempo en desiertos de humo, soñando con un dulce amanecer que ya ocurrió y que yo nunca volveré a ver mientras dure el solsticio eterno.

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