De mi
sombrero azul brotan palabras y no puede dejar de sangrar, escupe blasfemias
contra las bestias de esta selva de hierro y cristal. Algunas veces las bestias
se enteran de mis intenciones, otras veces se hunden en el mar de su propia sed
y disfrutan de las gotas de blasfemia que mi sombrero escupe en sus caras, como
si de un espectáculo circense se tratara.
El cielo se
torna cada vez más negro y pronto las gotas que blasfemia mi sombrero se
confundirán con la lluvia y golpearán en el rostro a cada una de las bestias
que vagan por la ciudad dejando su halo de intrascendencia en cada paso. Mi
cabeza se torna cada vez más oscura y preciso una luz que ilumine el camino,
una luz monótona, como la sangre que derraman las bestias. Algunas veces se
enterarán de mis intenciones, otras veces verán rodar sus cuerpos fuera de sus
cabezas, cuando ya sea demasiado tarde para pensar.
Mi cabeza
se torna cada vez más siniestra y el cielo más oscuro, creo que aprendí a
disfrutar el silencio, justo antes de la tormenta. Mi sombrero se mantiene cada
vez más azul, es lo único que impide que mis pensamientos cumplan su deseo y
salgan a degollar bestias, es lo único que me separa de las bestias. Y así
seguiré compartiendo el mismo aire viciado de esta selva, en una paralela
existencia, insoportable. El sombrero azul impide que las bestias sangren, pero
también impide que me convierta en una bestia.
Te maldigo
sombrero azul! Pero nunca dejes que el viento te lleve.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario