miércoles, diciembre 14, 2011

La resistencia es una cámara oscura


Escucho a las bestias transpirar, su hedor me encierra en mi caja de cristal. Siento como rasgan la puerta con sus garras dejando las marcas que servirán, en el futuro, para recordar su insignificancia, cuando ya no estén, cuando los cristales rotos de mi encierro hayan extinguido a cada una de ellas, como se extingue el sol en una tormenta de heridas, todo los días, cuando el reloj recorre sus tres cuartas partes de espinas.
El merodeo de las bestias me obliga a abstraerme en mi cámara oscura, de poesía y recuerdos. Entre las sombras veo un haz de luz que se descompone en mil colores y recuerdo qué hacía yo acá, cual es mi sentido, cuales eran los cuellos que debían sangrar. Hace mucho tiempo que desperté a esta triste realidad y sin darme cuenta me dejé tentar por el insomnio, parecía tan inofensivo, tan racional que mi alma se aventuró a tocar los colores del mundo real. Es que todo se veía tan real. Pero detrás del manto de verdad se escondía el frío gris del colmillo de la bestia. Y pronto fueron miles y me dejé morder el ojo para nunca más poder cerrarlo. Por instinto o por azar, terminé en esta cámara oscura y en las paredes leí mi confesión: “no te dejes despertar, vuelve a dormir, solo sigue tus instintos, en algunos momentos los colmillos grises te van a atrapar pero los sueños son para resistir, sólo sigue tus sueños, tal vez es lo único que separa a un soñador de las bestias”. En ese instante el cuello de las bestias se quebró y el sonido me hizo recordar que era hora de dormir, era hora de dejar la realidad.

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