Algunas
veces el desierto simplemente está desierto, otras veces su soledad lo
convierte en un oasis de tristeza donde una laguna de lágrimas y silencio
mantiene viva a la musa, que descansa sobre el pasto y con un dedo apunta a la
noche y con el otro convierte la poesía en indiferencia. Bajo el manto azul de
las estrellas, sobre el oasis de tristeza, la musa espera la tormenta que
limpie el desierto de tanta melancolía y traiga desde lejanas realidades a un
soñador que devuelva la fantasía. O tal vez es el soñador que, hastiado de
tanta realidad, ha guardado un grano de arena en una caja de cristal para soñar
con una musa inexistente, en un triste oasis, y así poder deshacerse de toda su
melancolía en el viento del desierto. O tal vez la musa aburrida, hastiada de
tanta melancolía, guardó a un soñador dentro de un reloj de arena, para poder
girarlo y verlo caer para su diversión. Y verlo vivir vidas circulares, soñando
sin rumbo con una musa que no existe, mirando entre sus manos un grano de arena
que no es otra cosa que un grano de sal. Algunas veces la melancolía es solo
melancolía y la musa solo se divierte. Algunas pocas veces el soñador
despierta. Algunas muy raras veces el desierto es solo arena.
martes, noviembre 29, 2011
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