El invierno
ya no era ni tan blanco, ni tan frío y la máquina de hacer hombres rompió el
cristal que resguardaba la poesía. Ahora el invierno no es tan poético, ni tan
feliz.
La claridad
entró al mundo como una brisa de Agosto y mostró la marca que dejaron las musas
al dormir. Ahora la musa no es tan inspiradora, ni tan feliz.
El sueño
terminó, como un invierno de Agosto. Se lo llevó la tormenta de fuego como a un
papel iluminado por las llamas. Ya no queda nada escrito, todo se consumió. Las
musas perdieron su poesía en una tormenta de Agosto, la máquina finalmente las
atrapó y las devolvió a la realidad, donde sólo son reinas, frágiles, reales,
mortales. Ahora soy yo quién debe volver a forjar el frágil cristal que protege
a la poesía. Debo volver a forjar el sueño destruido para que la reina vuelva a
ser musa, para que recuerde la alquimia que convierte las lágrimas en poesía.


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