miércoles, octubre 19, 2011

El sueño de las musas


El insomnio se apodera de mí, se aferra a mis tobillos y no me deja escapar de la realidad. En mi mente está oscuro, el amanecer parece muy lejano, como regido por un reloj de arena que desafía las leyes de la gravedad.
Afuera el sol transforma todo en desierto, los únicos sobrevivientes son algunas hienas que ríen como sabiendo cuanto tiempo queda, como si tuvieran el desierto entero en un reloj de arena. Pero las hienas no muerden, sólo rondan y desaparecen, ríen y se callan, deben estar tramando algo mucho más grave.
La primavera convirtió el mundo en un desierto y no puedo jugar en él, algo falta. ¡Todo es tan real!
Busco en mi mente las palabras del hechizo que induce al sueño, pero no las encuentro, las letras se recortan en mi cabeza como una poesía dadaísta que resulta tristemente en noticias.
El sol comienza a comer la silueta de la ciudad y me largo a la carrera por el tiempo, la trasposición urbana me lleva por bosques desérticos, ríos de cemento y palabras tercas. Antes había tanta poesía en la ciudad y ahora es tan real.
En mi palacio las musas duermen. ¡Cuanta poesía hay en el sueño de una musa! Bella dama renacentista que ilumina la oscuridad de mi mente. Sueña y muéstrame el camino que debo tomar para encontrarte.
La arena del reloj cae lentamente y el sol tiñe de sangre al desierto. Espero que el sueño de la musa sea lo suficientemente profundo para que yo pueda vencer al insomnio y escapar hacia donde ella espera, convirtiendo la arena en poesía, donde la realidad jamás se animará a entrar, en el desierto de las musas.

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