El insomnio
se apodera de mí, se aferra a mis tobillos y no me deja escapar de la realidad.
En mi mente está oscuro, el amanecer parece muy lejano, como regido por un
reloj de arena que desafía las leyes de la gravedad.
Afuera el
sol transforma todo en desierto, los únicos sobrevivientes son algunas hienas
que ríen como sabiendo cuanto tiempo queda, como si tuvieran el desierto entero
en un reloj de arena. Pero las hienas no muerden, sólo rondan y desaparecen,
ríen y se callan, deben estar tramando algo mucho más grave.
La
primavera convirtió el mundo en un desierto y no puedo jugar en él, algo falta.
¡Todo es tan real!
Busco en mi
mente las palabras del hechizo que induce al sueño, pero no las encuentro, las
letras se recortan en mi cabeza como una poesía dadaísta que resulta
tristemente en noticias.
El sol
comienza a comer la silueta de la ciudad y me largo a la carrera por el tiempo,
la trasposición urbana me lleva por bosques desérticos, ríos de cemento y
palabras tercas. Antes había tanta poesía en la ciudad y ahora es tan real.
En mi
palacio las musas duermen. ¡Cuanta poesía hay en el sueño de una musa! Bella
dama renacentista que ilumina la oscuridad de mi mente. Sueña y muéstrame el
camino que debo tomar para encontrarte.
La arena
del reloj cae lentamente y el sol tiñe de sangre al desierto. Espero que el
sueño de la musa sea lo suficientemente profundo para que yo pueda vencer al
insomnio y escapar hacia donde ella espera, convirtiendo la arena en poesía,
donde la realidad jamás se animará a entrar, en el desierto de las musas.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario