Como una
imposible máquina de movimiento constante, la realidad me aplasta con su
inercia. A sólo veinticuatro horas, muy lejos quedó aquel sueño de una noche de
invierno, en el que las musas no reparan en detalles, solo se dedican a ser
bellas, sensibles, inspiradoras, e inspiran un sueño donde el invierno es
cálido, como un trópico, como un reencuentro, y las ventanas se derriten para
dejar entrar la brisa que amenaza con desterrar para siempre al invierno de
este sueño. Esa misma brisa que espero mientras despierto, para que en su
lengua de fuego incinere para siempre la realidad imperante y transforme mi
vida en el sueño donde las musas, magas de la modernidad, bellas e
invulnerables destierren para siempre de mi mente el frío chillido de las
bestias.
jueves, octubre 06, 2011
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