viernes, septiembre 02, 2011

Sueños de Sal


Algunos chillidos invaden mi estado subliminal. Insisten en sacar a pasear mi inconsciente por las calles concientes. Y extraño los suburbios, fríos, melancólicos, matutinos, sonoros. La noche se aferra y todo es extraño afuera. Aquí adentro, todo sigue igual, las bestias se alteran, se juntan, complotan y vuelven a desaparecer, los susurros apenas traspasan sus dientes, pero yo no los entiendo, es mejor así, la abstracción de sus palabras me protege. Sin darme cuenta me encuentro en mi desierto, con el sol en la espalda y la arena en mi boca, aquí las bestias no existen, solo soy yo y mis demonios. Rodando en las dunas juegan a morderse los tobillos, sin que nadie mire, sin que nadie juzgue, sin que nadie susurre entre dientes, como las bestias salvajes que susurran blasfemias queriendo tomar mi alma y llevarla donde nada vale nada, donde los sueños son de sal, donde los sueños se venden al peor postor en las calles de la conciencia, donde yo soy el extraño y todos temen que los sueños echen a perder su perecedera vida de vacía comodidad. Y allí voy como un extraño, con mis demonios, a patear puertas y morder las yugulares de aquellos que, impasivos, señalan mis defectos y me culpan de soñar inescrupulosamente en sus jardines. Y allí voy con mis demonios dispuestos a destrozar todo, a morder hasta el hueso y de un salto dormir para siempre a quienes no sueñan pero que tampoco dejan soñar.

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