La
melancolía flota en el aire y me tira hacia atrás, como un torbellino de
antigüedades. Sólo escucho el café y la TV, y su sonido me transporta a
lugares felices. Las bestias descansan, mis demonios están tranquilos,
adormecidos como yo. Dormido y soñando un sueño donde caigo al vacío sin poder
despertar. En cualquier momento voy a gritar,
el vidrio va a estallar y dejará entrar el último frío del invierno. La
brisa congelará todo y con los puños hechos plomo saldré a romper los cristales
y ver la nieve sangrar. Me vuelvo a calmar, ya no caigo (o me acostumbre a la
sensación), el aroma a café y TV suena en mis oídos. Y me transporta. Veo gente
pasada, que me señala y me advierte, me dicen que espere, que no caiga. Pero
allí abajo está el mañana y parece mucho más seductor que ayer, prefiero no
hacerles caso, me inclino hacia delante y caigo, me doy vuelta para ver si me
siguen, si los fantasmas pueden caer. Giro mi cabeza y ahí están, las bestias
de hoy, acechando mi cuello con sus dientes, queriendo morder mi yugular. En
que momento desperté? No lo sé pero comienzo a gritar, el vidrio se rompe y
comienzo a sangrar, las bestias huelen mi sangre y se alteran, se muerden, se juntan,
complotan y vuelven a atacar. La brisa comienza a soplar, mi sangre se congela
y comienza a lastimar, las bestias enloquecen cada vez más, a mi no me importa,
puedo caer por siempre hasta que decida despertar, hasta que las bestias se
cansen y se vuelvan a dormir y allá abajo sopla la brisa del último frío de
invierno, y en mis oídos suenan el café y la TV.
viernes, septiembre 09, 2011
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