martes, septiembre 20, 2011

Desaturado


Me dirimo entre las falsas arpías (por lo menos las arpías tiene honor) que reclaman mis ojos, y las hienas que ríen como burlándose del maldito lunes que ha desaturado mi piel. Las hienas ríen y muestran sus desgarradores dientes que desgarran mi alma, y las escucho con tristeza, con lástima, al verlas agotadas, consumidas, vacías, sacrificables. La lluvia golpea el techo y las voces taladran mi cabeza. La ciudad se ve gris, distinta, poética, desierta. Yo prefiero caminar bajo la lluvia, prefiero ser gris, perderme en la ciudad y alejarme de la horda de hienas que con la risa buscan convertirse en arpías y arrancarme cada uno de los sentidos. Las arpías se quedan bajo techo, porque la lluvia no las deja volar, encerradas por barrotes de agua que mantienen a salvo su mente, en blanco, insignificante. Yo traspaso el manto de chillidos, gritos, risas y puñales y trasciendo, sin necesidad de saturar mi imagen. Trasciendo en gris, sin fulgor, sin detonar en mil parlantes. Sólo trasciendo, desaturado, por la ciudad, sobre el manto gris, sobre la jaula de las arpías.

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