Corro cada
vez más rápido, ya no hay tiempo para la melancolía. Es la hora de la paranoia,
de prender los motores para escapar de los perseguidores, es hora de volar, de
respirar el aire frío, tomar carrera y arremeter sin miedo, romper el cristal
para que entre la brisa y golpee mi rostro, lo despabile, lo sonría. El
infierno llegó hace rato y es encantador. Su fuego es de invierno y las lenguas
de sus demonios no me queman, me abrigan, me convidan de su amargo licor. Pero
no quiero dormir en sus garras, quiero salir al frío, a romper estatuas de
hielo, a quebrar sus cuellos, a derramar su agua helada sobre mis dientes y
verlas derretirse con mi aliento de infierno, con mi lengua en llamas que
lastima, que derrite su frágil existencia. Cuidado estatuas porque ahí voy a
derretir su intrascendente ser. Y beberlo en un aquelarre infernal con mis
demonios y sus parias.
jueves, septiembre 22, 2011
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