Cuando me
cubra la tormenta de cenizas,
dejaré a mi
musa un velo para que proteja sus sueños.
A mi
espejo, un velo para que proteja el dorado reflejo del sol.
A la piedra
donde tropecé, un puntapié que la haga recordar que está viva.
A mi
espíritu salvaje, un puntapié que le recuerde como es la realidad y nunca
quiera dejar de soñar.
A mis ojos,
un espejo que les recuerde que hay mas de lo que se ve.
A mis
hojas, una tiza blanca que les recuerde que una noche nunca es igual a la anterior.
A mi musa
un espejo para que bañe su cuerpo con el dorado resplandor del sol
incinerándose.
A mi
espejo, una musa que lo proteja del sol.
A las
cenizas, el viento del horizonte que alguna vez logré ver, pero que nunca pude
sentir.


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