Detrás de
los humos del progreso dilapido mis sueños, buscando afanosamente una nube que
me lleve donde aún existe el dolor, donde las flores aún se marchitan, donde
las heridas se lamen en profundos lagos de sal.
Detrás del
humo de las chimeneas escucho lejano el chillido de las gárgolas, tratando de
ensordecer mis sentidos, para que nunca más vuelva a encontrar el mar. Las
escucho burlarse de las flores marchitas, las escucho reír por el dolor, las
escucho ahogarse con el denso humo de las chimeneas, el mismo humo que me niega
los sueños, pero que consume el ensombrecido chillido de las gárgolas.


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