miércoles, julio 31, 2013

Amanecer cerca de las nubes

Cuanta tristeza hay en el cielo que, eclipsado, no deja caer una sola pena.
Es como una triste luz que, obstinadamente, nunca dormirá de nuevo por miedo a soñar.
Cuanto vacío hay en la extinción de las palabras, que lastiman al arder de tanta insignificación.
Es como una nube que, obstinadamente, le niega el sol a un triste viajero.
Cuanta desidia hay en las orillas del canal, donde el agua turbia consume las luces de los faroles antes de poder ver como las páginas se convierten en cenizas.
Es como una llama que, obstinadamente, pretende arder por siempre sobre el mismo leño.
Cuanta ironía hay en la respiración de los indignos, que de tanto desear la libertad, se ciegan al ver el cielo eclipsado.
Es como la belleza del eco que, obstinadamente, es desperdiciado en el vacío.
Cuanta paz existe en la áspera brisa de Octubre, que erosiona la mente de los indignos.

Es como la tranquilidad de saber que ellos, obstinadamente, nunca verán el amanecer detrás de la tormenta.

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