miércoles, abril 10, 2013

El sueño del humo eterno


Las ennegrecidas chimeneas se sostienen unas a otras, en fila, esperando el momento para contar los ladrillos de su servil existencia. La maquinaria incineró el color de su auge y consumió la inocencia de su piel, como el otoño madura la inocente niñez del verano.
El humo de las chimeneas se agazapa bajo el metálico abrazo que promete mantener a salvo el fuego de su interior, para luego separar sus manos y dejar que la lluvia oscura apague el sueño que, con tanto esfuerzo, disiparon por el mundo a cuestas del humo de su corazón consumiéndose.

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