miércoles, marzo 13, 2013

El sonido de las sombras


Me refugio de la lluvia en las calles húmedas de algunos recuerdos que parecen no haber lavado su inocencia en las turbias aguas de la realidad.
Refugio mis sueños en un diapasón que resiste el óxido del tiempo. Pero no todos los sonidos fueron soñados para romper los cristales y no todos los diapasones fueron hechos para proteger a los sueños de la realidad.
El cruce de las vías se ve solo, desamparado, tenebroso. Mi mente juega con mis sueños  y confunde la realidad con chillidos macabros, que estremecen las sombran entre la niebla.
Mientras atravieso la oscuridad del día que nace pienso que, tal vez, el crujir del metal sí fue hecho para romper los cristales y dejar entrar el helado viento de la realidad.
Solo, desamparado, tenebroso, trato de refugiarme en la abstracción de las paredes, pero el chillido del metal penetra hasta el sueño más inocente.
Trato de volver al sueño, pero me desvela la melancolía de las vías solitarias, crujiendo bajo la húmeda noche.
Trato de volver a soñar, pero el penetrante chillido no me dejará hasta que el sol someta a la noche.
Por suerte aún conservo el recuerdo de la inocencia.
Por suerte aún llevo mi diapasón en un bolsillo.
Por suerte aún suena bajo la lluvia.

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