En las
antiguas ruinas de un cuarto contiguo, un grupo de hienas ríen alrededor de un
fuego convertido en viento. La frialdad de sus mentes es solo comparable a la
inexistente relevancia de su existencia. En la hoguera son derretidas las
figuras de bronce que nos abrieron paso en la oscura noche de nuestro
nacimiento. El derrite es usado para forjar los más fuertes cascos jamás
construidos, tan fuertes que ni siquiera permiten que el punzante sonido de la
belleza de una idea lo traspase. Pronto el cuarto quedará en soledad, sus
huéspedes partirán con sus cascos a conquistar otras mentes, saqueándolas,
derritiéndolas para fabricar más cascos ensordecedores. Pero las marcas y las
cenizas quedarán por siempre grabadas en las ruinas de ese cuarto. Y jamás
podré olvidar la angustia provocada por escuchar una idea derritiéndose en el
fuego indigno de las salvajes criaturas. Trato de olvidar el horror y
refugiarme en la locura que despierta el dulce sonido de la belleza que recita
a lo lejos mi musa. Debo dejarme soñar con el fuego cálido de su alma y forjar
las cuerdas que traspasarán el casco de las bestias. Y de un solo acorde apagar
la hoguera eterna que brilla en el desierto de sus mentes.
martes, octubre 02, 2012
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