Nuevamente el vacío ha llegado a mí; y me refugio en una neurosis de fin de ciclo. La tentación de que una flor nazca del rocío es grande, ni las voces, ni los escuchas pueden explicarme el porque. Entregado al carnaval de sentidos y sensaciones, me dejo llevar sin buscar demasiados antifaces. Si la lluvia cae, abriré mis trampas para saciarme. Si el sol brilla abriré mis ojos para sintetizarme. Así como así. Sin importar. Es solo un salto al vacío, pero a sabiendas de que hay un piso. Bienvenidos sean todos los sentidos a mi paladar existencialista, porque el miedo de la caída termina cuando se llega al piso y eso lo sé por haber caído tantas veces como abrí mis poros para respirar. Bienvenido el suelo, para seguir volando cada vez más allá. Puedo volar aún pisando el piso más duro.
viernes, junio 24, 2011
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