Despierto
siempre en el mismo desierto. Las voces que no dicen nada aún resuenan en las
paredes que alzó el viento en el último resplandor de Octubre.
Despierto
perdido, atónito. Las estrellas fundieron su brillo con el cielo y apenas si puedo
mirar hacia arriba.
Despierto
una y mil veces queriendo desaparecer detrás de la tormenta de arena. El viento
logra ahogar las voces pero socava las heridas, que no dejan de sangrar.
Cuando las
heridas curen, finalmente habré dejado de escuchar las voces y podré fundir mi
brillo con el de las estrellas.


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