viernes, noviembre 11, 2011

Éramos faunos


Escucho música de una juventud insignificante, el psicoanálisis parece reírse de la adolescencia. Veo soñadores inexistentes tocando pasados que en el presente sonarían a futuro. Cuánta poesía hay en una juventud? Dónde quedó el sueño aquel.
En las sombras veo sombras danzantes tratando de recordar el hechizo del sueño de una noche de verano. Pero el invierno se atrasó y el viento helado aún entra por la puerta. El tiempo se acelera y me muestra que no supimos dejar entrar la sabiduría, que nos distrajimos buscando la juventud eterna, que nos dejamos lastimar con la melodía de un fauno engañoso que nos convida mieles en vasos de cristal manchados.
Las sombras despiertan del trance y el ritual termina, en la boca queda el sabor amargo de una medicina que no cura las heridas y veo indiferentemente a las sombras, ya había despertado cuando las sombras aún bailaban y mi cabeza filosofaba sobre adolescencia y psicoanálisis. Vi como el fauno hechizaba al tiempo y como las sombras envejecían sin saberlo. Vi como mi rostro se hundía en las sombras y mi mente disfrutaba inconscientemente la melodía del fauno.

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